Biografía de Melitón MANZANAS, ejecutado por ETA, figura destacada de la represión franquista contra los vascos.
      Información publicada en GARA el 20 de enero de 2001.


      Contra las libertades, hasta su muerte

      Melitón Manzanas desarrolló su trayectoria represiva en Gipuzkoa. Combatiente fascista, enlace con los servicios secretos nazis durante la ocupación de Ipar Euskal Herria, jefe de la Brigada Social, torturador... Fue el objetivo de la primera acción directa realizada por ETA contra un miembro de las FSE, que tuvo una repercusión notable para la dictadura.

      F. FERNANDEZ

      La trayectoria de Melitón Manzanas González como figura destacada de la represión franquista arranca con el estallido del «alzamiento nacional» de los generales españoles que se sublevaron contra la II República y concluye en 1968, con su muerte en atentado y el posterior estado de sitio decretado en Gipuzkoa. Como recordaron a GARA algunos de los cientos de ciudadanos que pasaron ante su presencia, su pertenencia al movimiento fascista se hace notar ya en los años previos al inicio de la guerra, por lo que Manzanas es encarcelado en el fuerte de Guadalupe hasta que es liberado por las tropas del general Mola cuando ocupan Hondarribia.

      A partir de ahí, la carrera de Manzanas se centra en la persecución de cualquier actividad calificada de política por el régimen dictatorial, es decir, contra cualquier colectivo que pretendiera organizarse política o sindicalmente, de grupos euskaltzales y, en definitiva, contra cual- quier persona sospechosa de no compartir el ideario franquista.

      De ahí que, cuando es nombrado inspector jefe de la Policía española, primero en Irun y luego en Donostia, se ponga al frente de la Brigada Social, un cuerpo policial similar al implantado por los nazis en Alemania. Precisamente, cuando el Ejército de Hitler ocupa Ipar Euskal Herria, Manzanas será «el contacto» entre ambas policías fascistas y sus actividades se extienden a ambos lados del Bidasoa, persiguiendo a quienes desde el maquis continuaban la lucha contra el franquismo en grupos poco coordinados que abarcaban a militantes abertzales, comunistas, anarquistas, socialistas y republicanos.

      El «jefe de la Social» fue asumiendo responsabilidades en la represión política y, con el surgimiento de ETA a finales de los años 50, su virulencia hacia los detenidos por motivos políticos va creciendo, según recogen las enciclopedias y la memoria colectiva de muchos vascos.

      En aquellos años la presencia de ETA en las calles se dejaba sentir tanto a través de sus boletines como en pintadas, colocación de ikurriñas en lugares públicos... formas de actuar com- partidas por otros grupos abertzales o de izquierdas, y que se castigaban con severidad. Como ejemplo, un profesor de Forua pasó cuatro meses en prisión por descolgar una foto de Franco en la escuela.

      Ligado directamente al devenir de Manzanas está uno de los primeros sabotajes de ETA, que coincidió con el XXV aniversario del «alzamiento». El 18 de julio de 1961, un tren en el que viajaban «ex combatientes» fascistas sufrió un pequeño descarrilamiento en Amara. Horas después, también en Donostia, se queman varias banderas españolas. La repercusión de estos hechos, lógicamente silenciados por los medios de comunicación, no pasa desapercibida para la Brigada Social, y comienza la mayor razzia policial conocida en el herrialde hasta entonces.

      Manzanas, que dirige la operación, tiene así la oportunidad de «inaugurar» los calabozos de la nueva sede del Gobierno Civil en Gipuzkoa, ubicada desde entonces en la plaza Pío XII de la capital guipuzcoana. Se producen más de 110 detenciones. El que inaugura esta lista es el eibartarra Félix Arrieta, que ayer, en declaraciones a ETB, ofreció el relato de aquellos días y no se mostraba especialmente sorprendido por «el reconocimiento» del Gobierno del PP a la figura del torturador.

      En aquella operación también fue detenido José Mari Quesada, cuyos amigos denunciaron en su día que falleció, en libertad, a consecuencia de las torturas sufridas en comisaría.

      Otro de los datos que destacan quienes se movilizaban contra el franquismo es el protagonismo de Manzanas en los incidentes del Primero de Mayo de 1965 en Donostia. Las concentraciones reivindicativas se realizaban con mayor o menor disimulo y, por supuesto, no se plasmaban en manifestaciones con pancartas a la vista. No obstante, Manzanas irrumpió contra los reunidos en el centro de la ciudad, dirigiendo un grupo de personas armadas con palos y porras, y con brazaletes rojigualdos. Cuando llegó al lugar la brigada policial «oficial», el asunto ya estaba resuelto.

      Juicio sin su presencia

      Melitón Manzanas llegó incluso a estar «procesado» por torturas, según consta en la enciclopedia "Euskadi eta Askatasuna" editada por Txalaparta. El policía tenía cita en el juzgado el 14 de abril de 1964 y su víctima en esta ocasión era José Ignacio Mujika, quien había sido detenido, junto a otros compañeros, acusado de pertenecer a EGI, de repartir ikurriñas y de hacer pintadas «contra la unidad de España». El acusado no acudió a la vista.

      Manzanas no era un simple agente torturador, como lo refleja el hecho de que manejaba abundante información sobre la mayoría de los detenidos que pasaban por los calabozos de Pío XII. Su obsesión era «conocer personalmente» a todos y cada uno de los arrestados. Después de esos encuentros, muchos de ellos mostraban su perplejidad por la cantidad de detalles sobre su vida personal que podía memorizar el inspector jefe.

      Esa «omnipresente» imagen de Manzanas se completaba con sus «manías», como la de colocarse un guante antes de golpear a los torturados, o su afición a un elemento que sus colegas denominaban «la porra Manzanas», instrumento de goma que constituía una innovación en aquella época.

      La labor del jefe de la Social no sólo era conocida a través del «boca a boca», si no que también fue denunciada reiteradamente en documentos publicados clandestinamente por el PNV y por ETA, donde su nombre aparecía expresamente destacado junto a otros responsables policiales y judiciales de la represión.

      Por ello, cuando el 2 de agosto de 1968 un comando de ETA mata a tiros al jefe de la Birgada Social en Irun, el impacto de la noticia tiene una repercusión política excepcional. Es la primera acción directa de la organización armada con ese objetivo previsto (la muerte en un control de carretera del guardia civil José Pardines el 7 de junio, a la que se sucede la muerte de Txabi Etxebarrieta a manos de las FSE, no obedeció a una operación preparada con ese fin). Es acogida hasta con entusiasmo por gran parte de la sociedad vasca (incluso en el "Mundo Obrero" editado por PCE se señaló que «Manzanas era un conocido torturador de comunistas, católicos, socialistas y otros demócratas). Conlleva una nueva razzia policial en los meses siguientes y recrudece la ira de la dictadura contra el movimiento independentista vasco.

      «Ejecución, no venganza»

      «Melitón Manzanas, ejecutado», fue el encabezamiento del texto en el que ETA reivindicó la acción llevada a cabo en Villa Arana. El comunicado hacia especial incidencia en los motivos que habían llevado a la organización armada a elegir al inspector jefe como objetivo y subrayaba que en ningún caso debía entenderse como «un hecho aislado, como una venganza privada de poca importancia».

      De esta forma rechazaba la versión oficial que enmarcaba esta acción en una dinámica de respuesta a la muerte de Txabi Etxebarrieta. Como posteriormente han resaltado quienes formaban parte de ETA, el propio Etxebarrieta había estado recopilando información sobre los movimentos de Manzanas. También salía al paso de la versión del PNV, que en un principio mantenía que la muerte del torturador se debió a «un asunto de faldas».

      El Estado español no disimuló el daño que produjo esta situación para la imagen de «firmeza» que ofrecía la dictadura ­precisamente, el ministro de Información de la época era Manuel Fraga, actual presidente de honor del PP­, por lo que actuó de forma drástica.

      El 6 de agosto se decretaba el estado de excepción ­que añadía más medidas represivas a las ya cotidianas en Hego Euskal Herria­, al que se sumaba la suspensión de «derechos» de forma más generalizada. Según datos recogidos en la publicación jeltzale "Alderdi", hasta 600 ciudadanos vascos pasaron por comisaría durante aquellos meses.

      Desde el «día de la victoria» fascista hasta la muerte de Manzanas habían pasado 32 años. Poco más desde entonces hasta el día de su condecoración por el actual Gobierno español. *

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